Shemin� -ינימש: "Octavo"
Tor� : Lev�tico 9:1-11:47
Haftar� : 2 Samuel 6:1-7:17
Escrituras Apost�licas : Mark 9:1-13
Esta porci�n se denomina "octavo" del hebreo Shemin� [ינימש] basado en el cap�tulo 9vers�culo 1 de Lev�tico. Es una descripci�n del maravilloso evento que aconteci� en el octavo d�a, despu�s que la familia sacerdotal estuvo por siete d�as bajo la presencia misma de Dios, y en el cual el Tabern�culo fu� preparado para el servicio.
La Escritura registra un espectacular servicio en el momento en que la Gloria del Se�or baja en forma de fuego al altar, quemando las ofrendas "personalmente." El relato nos pasa a contar sobre un evento muy triste, al morir dos hijos de Aar�n. Despu�s de darnos otros detalles con respecto al duelo de Aar�n y de Mois�s, la Tor� describe la ley diet�tica (dieta kosher), una lista detallada para el consumo de animales.
Todo el relato es fascinante y muy importante conocerlo. Pero quisiera concentrarme en el asunto sobre ese espectacular servicio en el cual "la Shekin�h [la Gloria] del Se�or apareci� a todo el pueblo," [Lev�tico 9:23] y de c�mo podemos aprender a desarrollar nuestra habilidad espiritual para servir al Todopoderoso.
�Alguna vez ha esta en un servicio de adoraci�n y alabanza en el que de verdad siente la presencia del Creador cerca de usted? �Alguna vez ha escuchado predicadores que nos hacen sentir que atraen el poder mismo del Esp�ritu Santo? Estoy muy seguro que si. Pero le puedo asegurar de que nada se compara con los hechos de este servicio que nos est� describiendo esta porci�n B�blica.
Piense por un instante en ese maravilloso momento:
"Entonces Aar�n alz� sus manos hacia el pueblo y lo bendijo, y despu�s de ofrecer la ofrenda por el pecado, el holocausto y las ofrendas de paz, descendi�.
Y Mois�s y Aar�n entraron en la tienda de reuni�n, y cuando salieron y bendijeron al pueblo, la gloria del SE�OR apareci� a todo el pueblo.
Y sali� fuego de la presencia del SE�OR que consumi� el holocausto y los pedazos de sebo sobre el altar. Al verlo, todo el pueblo grit� y se postr� rostro en tierra." [Lev�tico 9:22-24]
Es como para quedarse sin palabras, �no le parece?
Y es que cuando de verdad queremos buscar la presencia de nuestro Se�or, queremos adorarle, proclamar que no existe otra raz�n m�s que nuestro amor el que desea estar a Su lado, que de verdad lograremos ver Su Gloria. Y todo esto no es un hecho emocional, no nos confundamos.
Cuando de verdad nos acerquemos al Se�or am�ndole sin esperar nada a cambio, con un coraz�n arrepentido, cuando de verdad le amemos "con todo [nuestro] coraz�n, con toda [nuestra] alma y con toda [nuestra] fuerza," (Deuteronomio 6:5), tendremos la habilidad de acercarnos a�n m�s a Su Altar Divino. Es esa clase de actitud que el escritor del libro de Hebreos recomienda cuando afirma: "Por tanto, acerqu�monos con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna." [Hebreos 4:16]
Por otra parte, el acercarnos a la presencia Divina no nos d� derecho de hacer lo que queramos. Si no lo cree, vea el resultado de los hijos de Aar�n [Lev�tico 10:1-7]. A pesar de las muchas interpretaciones que eruditos Jud�os y Cristianos le han dado a este relato, la Escritura afirma que, "Nadab y Abi�, hijos de Aar�n, ... ofrecieron delante del SE�OR fuego extra�o, que El no les hab�a ordenado."
[Lev�tico 10:1]. Esto nos demuestra que el fuego que ellos usaron en sus incensarios era de otro lugar que no era el Altar.
La lecci�n que como creyentes y adoradores debemos tomar es bastante clara. En cuanto m�s cerca estemos del Trono de la Gracia, debemos estar mas apartados de la esclavitud pecaminosa del pasado, y someternos a la obediencia de Sus Mandamientos. "El no traer delante del Se�or fuego extra�o, que �l no ha ordenado," nos evitar� sufrir las fatales consecuencias del pecado.
El ser apartado [ser santo=Kadosh en hebreo] es un llamado a los creyentes que constituyen el Israel de Dios, y el inicio del cumplimiento de Su voluntad. "Por tanto, consagraos y sed santos, porque yo soy santo. [Lev�tico 11:44] [Ver tambi�n Deuteronomio 7:6; Romanos 1:7; 1 Corintios 1:2; Efesios 1:4; 1 Pedro 1:15].
Esto nos lleva a otro nivel de obediencia, "No os contamin�is, pues, con ning�n animal que se arrastra sobre la tierra." [Ver el contexto de Lev�tico 11:43-45]
El relato nos sugiere un estado de irreverencia de parte de Nadab y Abi�, probablemente por la emoci�n del servicio mismo. Por supuesto que no caer� hoy fuego del cielo y nos quemar� si actuamos con ineptitud. Pero quisiera que tome en cuenta lo siguiente:
Los seres humanos tendemos a adoptar diferentes clases de malos h�bitos. Entre otros, est� el mal h�bito de esperar ser servidos y no ser servidores. Cuando asistimos a las congregaciones, sinagogas, iglesias, templos, o como usted le llame, dependiendo de sus creencias, esperamos mucho de los servicios religiosos. Cuando estamos espiritualmente deca�dos, esperamos que alguien haga las cosas por nosotros. Y cuando los servicios no est�n a la altura de nuestras "exigencias espirituales," comenzamos a hacer "cr�ticas constructivas" de las eventos que algunas veces no nos han "levantado nuestro esp�ritu" ya sea porque "estuvieron muy apagados," porque "la m�sica y los cantos estuvieron muy aburridos," porque los predicadores no hablaron conforme a nuestras espectativas, o "no estuvieron actualizados con las noticias del momento." La lista es interminable, necesitar�a m�s tinta para continuar con las m�ltiples opiniones de creyentes con esta clase de inmadurez.
En pocas palabras, muchas veces venimos a los servicios a "ser entretenidos." Como si eso fuera un programa de television o teatro. Esperamos con ansias las reuniones semanales para estar en el "club social religioso" al cual pertenecemos, solamente como para llenar una tarea obligatoria que corresponde a ese d�a.
Al acercarnos al Se�or necesitamos tener un balance reverente, es necesrio que no nos olvidemos que �l es Amor, pero tambi�n debemos de temer a Su Fuego Consumidor.
La pr�xima vez que asista a un servicio de adoraci�n, alabanza y estudio de la Palabra de Dios, considere antes el estado de su coraz�n delante de Dios, y preg�ntese:
�He venido a servir al Se�or o a ser entretenido?
�Que el Se�or Bendiga su vida!
Su Hermano y Amigo,
Ren� O. Jaco.