Bejukotai - יתוקחב "En Mis Estatutos"
Tor� : Lev�tico 26:3-27:34
Haftar� : Jerem�as 16:19-17:14
Escrituras Apost�licas : Mateo 22:1-14; Juan 14:15-21;15:10-12; 1 Juan
Los �ltimos textos del libro de Lev�tico, de la porci�n llamada Bejukkotai, "En Mis Estatutos," nos presentan una serie de promesas basadas en la obediencia y desobediencia, aplicables en ambos casos a toda la naci�n de Israel.
Los textos son muy simples de entender: "Si and�is en mis estatutos y guard�is mis mandamientos para ponerlos por obra..." y luego contin�a describiendo una serie de bendiciones relacionadas con las cosechas, la paz, protecci�n en contra de las bestias y de los enemigos, promete habitar entre su pueblo y no aborrecerlo, concluye con un recordatorio de la liberaci�n de Egipto y de como rompi� con el yugo de su esclavitud.
"Pero si no me obedec�is y no pon�is por obra todos estos mandamientos, si despreci�is mis estatutos y si aborrece vuestra alma mis ordenanzas para no poner por obra todos mis mandamientos, quebrantando as� mi pacto..." (Lev�tico 26:14-15) el texto contin�a con la descripci�n de las maldiciones debido a la desobediencia, que son todo lo contrario a las abundantes cosechas, luego: terror, enfermedad, enemistad, persecusi�n, total abandono y desolaci�n.
Algunos eruditos del Juda�smo Rab�nico explican que la muestra m�s fidedigna de estas maldiciones (Lev�tico 26:34-35, 43) aparece cumplida con la cautividad babil�nica. Estudiosos antisem�ticos que se han dado la tarea de desprestigiar al pueblo de Israel, utilizan textos como estos para sus opiniones, olvidando que el Se�or tambi�n les promete reconciliaci�n, "entonces yo me acordar� de mi pacto con Jacob, me acordar� tambi�n de mi pacto con Isaac y de mi pacto con Abraham, y me acordar� de la tierra.
Sin embargo, a pesar de esto, cuando est�n en la tierra de sus enemigos no los desechar� ni los aborrecer� tanto como para destruirlos, quebrantando mi pacto con ellos, porque yo soy el SE�OR su Dios, sino que por ellos me acordar� del pacto con sus antepasados, que yo saqu� de la tierra de Egipto a la vista de las naciones, para ser su Dios. Yo soy el SE�OR." (Lev�tico 26:42, 44-45).
Los pecados de los cuales Israel se arrepinti� estando en el exilio fueron: iniquidad, infidelidad, y el comportamiento de hostilidad en contra de �l. (Lev�tico 26:40).
Jerem�as 16:19-17:14 nos deja claro que el arrepentimiento nos lleva a la reconciliaci�n con nuestro Creador, para luego con humildad reclamar las promesas establecidas. Asimismo se sobreentiende en el texto que la fidelidad de Dios predomina como un testimonio de Su Justicia hacia todas las dem�s naciones.
Recordemos que el Pacto de Dios con Israel no es un contrato de negocios, sino que es una Ketub�, un contrato pre-matrimonial, en el cual el Israel de Dios se representa como la novia y el Se�or como el prometido de Israel. Muchos matrimonios pueden subsistir a�n cuando una de las partes falle en cumplir alguna parte del contraro. En este caso, fu� la novia Israel la que fall� muchas veces a su contrato. Pero �l es Justo, pues su amor lo vuelve misericordioso.
Caminar en los caminos de la Tor� no es imposible, como lo expresa Deuteronomio 30:11-14; sinembargo, si el legalismo es el que predomina en nuestras vidas como creyentes, se corre el peligro de guardar las leyes de Dios buscando m�ritos propios.
Es por lo tanto necesario que nos concentremos en nuestro coraz�n a trav�s de la oraci�n y el estudio de Su Palabra. Ya lo expresa Jerem�as, "M�s enga�oso que todo, es el coraz�n, y sin remedio; �qui�n lo comprender�?" (Jerem�as 17:9).
Por otro lado, basados en textos de Pablo en G�latas 3:13, y Colosenses 2:14, otros eruditos mal-interpretan que todas las maldiciones de la ley han sido removidas en el Mes�as, y que la Tor� ha sido clavada en la cruz. Esta interpretaci�n hace parecer a la Tor� como un documento obsoleto, ense�an que en el Mes�as ya no existen las maldiciones, pero si las bendiciones. "La maldici�n de la Ley" que se menciona en G�latas 3:13, es la lista de maldiciones por la desobediencia que se encuentran en Lev�tico 26 y Deuteronomio 28. Rav Sha�l simplemente cre�a que la maldici�n de la ley es la separaci�n total de Dios, que nos condena en la corte eternal del juicio final. De esta sentencia de muerte eternal es la que nuestro Se�or Yesh�a HaMash�aj nos ha redimido. Esa condenaci�n es la que ha sido clavada en el madero. Diversas traducciones nos dan una idea diferente al respecto. No es la Tor� la que ha sido clavada en el madero, "el acta de los decretos" (RVC), era una especie de documento de un veredicto de condenaci�n escrito como el que utilizaban los romanos en las cortes legales. El acta en referencia es por lo consiguiente, el que ha sido tomado y clavado en el madero. La muerte es la �ltima maldici�n de la Tor�, y fu� la que el Mes�as tom� para si mismo, convirti�ndose "en maldici�n por nosotros." (Col. 3:13).
Yesh�a mismo vino a cumplir con la Tor� (Mateo 5:17). �Qui�nes somos nosotros para creer que no tenemos que cumplir la Tor�? Por lo tanto, con toda seguridad le puedo decir que a�n hoy en d�a existen consecuencias por el pecado (no guardar Su Ley).
La obediencia o la desobediencia a Dios tienen consecuencias directas en nuestras vidas: bendiciones o maldiciones.
Yesh�a nos manifiesta que am�ndole a �l nos habre las puertas al entendimiento de su Tor�, "Si me am�is, guardar�is mis mandamientos," "El que tiene mis mandamientos y los guarda, �se es el que me ama" (Juan 14:15, 21).
Al llegar al final del libro de Lev�tico, recordemos que despu�s de haber sido liberados de la esclavitud del pecado, representado por Egipto, el Se�or di� Sus Leyes, Ordenanzas y Estatutos en el Monte Sina� (Lev�tico 27:34), para recordarnos que es necesario que para poder acercarnos a Su Presencia, es necesario que seamos puros y que caminemos en santidad delante de �l.
Al guardar Su Ley, simplemente hag�moslo por amor a �l, no ser� necesario ganarnos su amor. "Y en esto sabemos que hemos llegado a conocerle: si guardamos sus mandamientos. El que dice: Yo he llegado a conocerle, y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso y la verdad no est� en �l; pero el que guarda su palabra, en �l verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado. En esto sabemos que estamos en El. El que dice que permanece en El, debe andar como El anduvo." (1 Juan 2:3-6).
Su Hermano y Amigo,
Ren� O. Jaco,
L�der Congregacional.