"Encomienda al Señor tus afanes, y él te sostendrá; no permitirá que el justo caiga y quede abatido para siempre".
Salmo 55:22 (NVI)
¡
Q
ué amoroso es nuestro Dios, y cuán hermosa y viva es Su Palabra! Tan solo un versículo le es suficiente para reavivar y fortalecernos la fe, y transmitirnos una esperanza enorme, ilimitada.
C
uando David -el salmista- declaró estas palabras, fue luego de soportar días de angustia por el enojo, las amenazas e insultos de gente impía, incrédula y de sufrir la traición de quien él consideraba su mejor amigo. Pero en medio de su dolor y de su bronca por lo ocurrido, dijo: "Yo clamaré a Dios, y el Señor me salvará. Mañana, tarde y noche clamo angustiado, y él me escucha. Aunque son muchos los que me combaten, él me rescata, me salva la vida en la batalla que se libra contra mí" (vers. 16-18).
S
i leemos la historia de este rey de Israel, comprobamos que en todo momento de dificultad -aunque fuera por sus propios errores- él buscó a Dios y el Señor le protegió y le libró de sus enemigos.
¿
H
abrá algo en su vida que le aflige, le atemoriza, o le llena de ansiedad? ¡Encomiéndele al Señor sus afanes, y Él le ayudará y le sostendrá!
J
esús nos advirtió que tendríamos aflicciones, pero como nuestra victoria depende de la actitud que tengamos ante la adversidad, nos aclaró que 'debíamos confiar en Él'; porque como nos dice hoy Su Palabra, "no permitirá que en los momentos adversos caigamos y quedemos abatidos para siempre".
N
o le abra la puerta al desánimo, a la ira ni a la venganza sino clame al Señor, entregue sus cargas, encomiende sus causas a Dios y permita que Él obre poderosamente.